Con siete, ocho o nueve años me atormentaba a mí mismo preguntándome si sería mala persona, si decidia moralmente bien o mal, si compartía cuando tenía que compartir o perdonaba cuando tenía que perdonar. Sí, la influencia del colegio católico
Pues no! De mí no se iba el malestar. ¿¿Por qué conmigo no funcionaba?? Cierto es que mejoraba, pero mi malestar no se arreglaba así, con un "perdón", con un "lo siento". Y así, por mucho tiempo
Pero como decía, no me considero ni más bueno ni más malo que nadie, ni el más tonto ni el más listo. Pasados los díez, mi sentido del bien y del mal era completamente normal y años más tarde, alguien me dijo:
- Toma este folio de papel nuevo y hazlo una bola.
Muy obediente bola que hice.
- Ahora intenta volver a dejarlo como estaba.
Evidetemente, eso me resultó imposible. No importaba cuanto alisara aquel trozo de papel, las arrugas no se irían.
Entonces, me dijo: "las personas son como este papel. La impresión que dejas en el corazón que lastimaste será tan difícil de borrar como las arrugas de este papel".
Desgraciadamente para mí, que soy de los que creen que todo tiene solución, que me encanta pensar que todo el posible, que siempre se puede empezar de nuevo, incluso para mí... esto es cierto. Por mucho que se quiera empezar de cero, por muchas segundas oportunidades que se den, nunca ninguna será como la primera porque por mucho que nos pese, por mucho esfuerzo que pongamos no podemos volver en el tiempo, no podemos olvidar.
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